miércoles, 30 de diciembre de 2015

Hoy me entero que nos quedamos sin AFSCA... y AFTIC

... Inmediatamente me remite a un escrito de Mería Elena Walsh publicado en 1981
Todo cuadra, el año próximo serán breves... anunciarán una nueva marca de papel higiénico hecho con papel reciclado de las leyes que fueron modelo en la región y el mundo. 
Habrá pluralidad de voces siempre y cuando no hablen en contra de la corpo... estará permitido cualquier tipo de contenido audiovisual, siempre que sea del agrado de Magnetto. Se escucharán todas las voces, tanto las que alaban al gobierno como las que critican a la oposición.
Sirimos un paish sheno di aligría... shin shenshura pero con sheish shiete ocho fuera del aire

Comparto el texto referido... "El año préximo seremos breves" 
http://www.biblioteca.org.ar/libros/1298.pdf

He gritado. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

CONCIENCIA DE CLASE ES LO QUE FALTA

Por curioso que pueda parecer, a veces me conmociona mas una simple escena racista de la vida cotidiana que las grandes noticias. Porque al fin y al cabo, frase por frase, sumando granitos; termina siendo el "ciudadano de a pie" el que le imprime a los hijos ese modo de hablar y pensar.
Una mamá de clase obrera le dice a su hija: "si vas a tener el cabello largo, tenes que tenerlo lindo, porque tener el cabello largo y feo es de negra villera. Entendiste?"
... Me pongo a pensar... Hay un trabajo de hormiga hecho de frases enquistadas en el léxico. Que colaboran al estado de situación política que nos toca vivir.  No ser conscientes de nuestro origen, dejarnos colonizar la mente por las clases dominantes, poner en un otro "inferior" la causa de todos los males y de lo que no nos gusta en nosotros mismos.
Los proletarios se creen burgueses y así votan. Mientras siguen sin lograr librarse de la piojera...

He dicho.

jueves, 1 de agosto de 2013

DESVELADA POR LA NOCHE…

He recordado un aforismo que decía "El Amor es ciego y la Amistad cierra los ojos". Sabiduría popular se podría decir. Sin embargo he aprendido, que la sabiduría popular a veces no sabe tanto como aparenta.  Las experiencias vividas y contempladas me han enseñando que a veces el amor no es ciego, es Pelotudo (haciendo uso de la palabra por su fuerza y sonoridad, como decía Fontanarrosa). Y a veces, el amor enceguece, y la amistad te abre los ojos.
El problema en cuestión es todo acerca del equilibrio. El ser humano, el YO no puede vivir solo. Necesita de Vos, de Nosotros y de Ellos. La cosa se pone fea cuando Yo se enamora de Vos, y cree en la romántica idea del S XIX de que alcanza solo el Nosotros para vivir. Y si el Vos es tan represivo del Yo, que lo obliga a olvidarse de Ellos; entonces tal vez exista un Nosotros que no tiene una sana razón de ser. Y ahí entran Ellos, queriendo abrirle los ojos, pero Yo está enamorado.
 No se puede negar, el Vos le da al Yo cosas que Ellos no. Pero el Nosotros a veces se aburre y necesita de Ellos. La pregunta sería ¿Ellos van a estar cuando el Yo recupere la vista? ¿Es acaso posible que Yo y Vos puedan vivir felices y comer perdices, solos, uno con otro, sin interactuar con otro ser humano?
Me pongo a pensar un nuevo aforismo: 
“El colchón puede ser muy lindo, pero no hay que pagarlo a costa de los amigos. Porque tanto tiempo acostado cansa, y cuando necesitemos salir a respirar aire fresco y estirar las piernas; no vamos a tener quien nos acompañe.”

He dicho. Estaba sin sueño.


domingo, 13 de enero de 2013

VECINOS: NO MOLESTAR


Un relato ficticio pero que seguramente trae a la mente reflejos de realidad cotidiana

Había una vez una señora que vivía en una casa de barrio como cualquier otra casa de barrio de esas que construye el IAPV.
La casa tenía una cocina-comedor, un living, una diminuta habitación y un baño que también se atribuía tal adjetivo (el de diminuto).
La señora vivía en su casa con su esposo, y su hijo de tres años. Los tres pasaban felizmente sus días en su casita del barrio. Pero había algo que a la señora le molestaba: sus vecinos. Nada le venía bien. Un vecino era molesto porque escuchaba música muy fuerte, otro porque lo visitaban muchos amigos y hacían bullicio. Otro porque tenía una cortadora de pasto demasiado ruidosa, y otro porque se peleaba mucho con la familia y se la pasaban gritando.
Poniéndolo así: la señora que vivía en una típica casa de barrio tenía también típicos vecinos de barrio. Y no queda otra, a todos les pasa… En los barrios los vecinos son como los parientes: no se eligen.
Pero el tema es que a ella le molestaban a toda hora, todo lo que sus vecinos hacían o dejaban de hacer…
Tanto le molestaba que un día se le ocurrió la idea más loca, pero más común que a una persona se le pudiera ocurrir. Decidió encerrarse en una burbuja.
Fue algo casual, su hijo estaba jugando con espuma y una burbuja atrapó a un pequeño insecto. Fue entonces cuando pensó que si estaba dentro de una burbuja, nada ni nadie podría molestarla. Le pidió a Tomasito que hiciera la burbuja más grande que pudiera.  Pero la burbuja de Tomasito apenas alcanzaría para atrapar una catanguita colorada. Entonces ella trató de hacer una burbuja gigante. Con alambres y un fuentón lleno de agua con detergente, pero era inútil. Porque aunque hiciera una burbuja lo suficientemente grande, la rompería al intentar entrar. Entonces se dio cuenta de que estaba intentando con los materiales equivocados. Pasó varios días leyendo revistas de diseño, pensando qué usar. Vio que el policarbonato era como un vidrio, pero que se podía doblar. Pero cuando lo fue a comprar le advirtieron  que no le serviría para aislarse de sonidos exteriores. Cuando escuchó eso dio media vuelta y no compró nada.  Ella quería un material que  la dejara ver hacia fuera pero que no la dejara escuchar. Así que pasó otro tiempo investigando. Conectó la Internet y se volvió una asidua navegante.
Buscaba y rebuscaba materiales aislantes, modelos de burbujas y demás.  Su pobre hijo solo comía yogurt cuando el papá no estaba. De los vecinos todo normal. Ahora la molestaban porque no la dejaban investigar tranquila.
Después de todo un mes de investigar se le ocurrió otra idea, más loca que la primera. Conseguir un soplador de vidrio. Pensó que si encontraba un buen soplador que tuviera pulmones muy fuertes, él le haría su burbuja. Buscó y buscó,  viajó mucho, visitó como quince sopladores, hasta que encontró uno que se animó a enfrentar semejante proyecto.  Raúl pulmón de vidrio Pérez  le dijo sí a la loca idea de la señora. Tomó una gran porción de vidrio y empezó a soplar y soplar. Llegó a formar una gran burbuja, del tamaño de una gran pelota playera, tal vez un poco más grande… pero más pequeña que una carpa iglú para dos. La señora estaba muy contenta. Raúl también le hizo una puertita para que pudiera entrar. Cuando volvió a su casa se metió feliz en su burbuja y paso el día entero sin que nadie la moleste. Pero al final del día estaba muy cansada porque al ser la burbuja un poco chica, tenía que estar siempre en la misma posición, y se cansaba y acalambraba. Así que decidió buscar una burbuja más grande.
Raúl le explicó que no podía hacer una burbuja más grande. La señora se enojó mucho con Raúl, pero era imposible hacer una burbuja como la que ella quería. Así que se fue a su casa, decidida a encontrar la solución.
Se le ocurrió que podía encontrar tres sopladores y conseguir una burbuja tres veces más grande. Pero Raúl le dijo que no.
Pasó más tiempo  y a la señora se la ocurrió su última gran idea. Una media burbuja. Una gran media burbuja sobre el piso. Hecha con piezas de vidrio aislante, montadas sobre una estructura de hierro. Adentro pondría todo lo necesario para estar cómoda: tele, teléfono, cama, cocina, heladera, etc. De apoco empezó a comprar los materiales, se dio cuenta de que no iba a poder sola, así que contrató a un arquitecto y unos albañiles. Para eso necesitaría mucho dinero, y se preguntó de donde lo sacaría. Decidió vender cosas, comida, pan y eso. Pero cuando los vecinos se enteraron de lo que estaba por hacer no le quisieron comprar nada. El segundo problema fue en dónde pondría la media burbuja. El patio no era lo suficientemente grande. Pero enseguida encontró la solución, aunque tuvo que esperar a que su marido no estuviera.
Un fin de semana, se fue por trabajo, y no volvería por quince días. Entonces empezó la obra. Había al menos veinte personas trabajando a toda marcha. Comenzaron a construir la media burbuja sobre la casa. SÍ, esa era la gran idea. Metió la casa en la burbuja.
Cuando su marido volvió casi tuvo un infarto…
¡Su casa tenia una gran cúpula de vidrio y aluminio encima! Empezó a gritarle a su mujer para que saliera, pero ella no lo escuchaba. Tal como lo había planeado. Cuando se cansó de gritar, empezó a mirar y encontró un picaporte. Quiso abrir, y estaba cerrado. No había timbre, cosa esencial para que nadie te moleste. Así que tomo el celular y la llamó.
-¿Hola? –dijo la señora
-¡Hola! ¡Hola me decís! ¡Abrime la puerta! – el marido estaba furioso.  La señora corrió a abrirle la puerta
-¿Qué pasó cuando yo no estaba? – dijo mientras entraba. La discusión que siguió después no se puede repetir. La señora le explicó toda la historia, pero a él le interesaba saber cómo hizo, y de donde sacó la plata. Y entre preguntas, metía exclamaciones del tipo ¡no lo puedo creer! ¿En qué pensabas? Y otras más no tan elegantes.
Cuando le hubo respondido lo mejor posible, hubo un momento de silencio. El señor dijo que el no viviría en una burbuja bajo ninguna circunstancia. Agarró su valija y se fue por donde vino. Al salir azotó la puerta de la burbuja de tal manera, que parecía que comenzaría a girar.
-¡No es giratoria! –gritó la señora y azotó la puerta de la casa.
Al mismo tiempo en la burbuja se empezaba a rajar un vidrio, y otro, y otro. Pero la señora no lo notó.
El señor volvió. El nene estaba viendo y le abrió la puerta. Entró a la casa…
-Me olvidé las llaves del auto. - dijo. Y azotó la puerta de la casa. Y Salió de la burbuja, y al azotar nuevamente la puerta, todos los vidrios cayeron como una lluvia.
Tomasito se salvó de la lluvia punzante de pura suerte. No había alcanzado a salir del porche para seguir a su papá. La señora al escuchar el estruendo salió y vio su preciosa burbuja hecha pedazos.  El barrio estaba en silencio absoluto. Y todos estaban a los cabezazos sobre los tapiales tratando de ver qué pasaba. La señora y el señor estaban atónitos. Pasó así un rato, unos cinco minutos. El vecino de al lado se despertó de la siesta y prendió a todo volumen su programa de radio favorito. La señora se puso a barrer los pedazos da vidrio al ritmo del bombón asesino. De vez en cuando aspiraba un sñif  y se le escapaba una lagrimita.

TRISTE EXTRAÑA


 Snif, snif. Pasaron un par de botas de cuero marrón y taco alto. Casi la pisan. 
Snif, snif. Rueda una lágrima lenta y dolorosa por su mejilla. Pasan al trote dos pares de zapatillas, por amabilidad la esquivan. 
 Snif, snif. El aire helado congela la humedad del rostro. Ahora las lágrimas son de hielo. Queman. 
 El suelo no es más amable que los pies de la gente. 
 Pasó una chica abrazada a su novio y se hizo a un lado. Casi la pisa, pero no. Casi la observa, pero no. Casi le importa, pero no. 
 Snif, snif. Ya es un mar de lágrimas. Ya es un mar la gente, y una tempestad de pies. Ninguna mano, ningún rostro. 
Snif, snif... 
-¿Estas bien? – se oye una voz. No lo está, pero la voz es amable. Un rostro baja de las alturas de la indiferencia, y la pregunta se repite. -¿Estás bien? ¿Por qué llorás? 
Snif, snif. Ella lo mira con la angustia en los ojos y el dolor desparramado por la cara mojando sus mejillas. 
Snif, snif. -Levantate, el piso está muy frío...
Y ella se pone de pie. El amable extraño le ofrece un pañuelo. Por un momento el pañuelo parecía atenuar los problemas. 
-¿Vivís acá, en esta casa? -
No – dijo ella. 
-¿Por qué llorás? – volvió a decir, pero no obtuvo respuesta.-  Hace frío... y le dio su campera. Y otro snif se escapó. 
 -Por favor, ya no llores – le pidió. Ella no comprendía tanta atención, y él no lograba averiguar el por qué de su dolor. 
-Te acompaño a tu casa si querés. Otra vez el silencio. Lo interpretó como un sí y comenzó a caminar, y ella lo siguió. No sabían a donde, pero caminaron, ella lo siguió y él caminó. Caminó hasta una plaza y allí se detuvo, y quiso saber. 
 -¿No querés hablar? Tal vez te puedo ayudar. Otra vez el silencio, y una lágrima más. Sólo atinó a abrazarla. No podía verla llorar. Su dolor le dolía, aunque no sabía por qué. Aunque no la conociera. Sólo quiso abrazarla, y volvieron sus lágrimas, pero ahora eran distintas. Ya no eran lágrimas en soledad. 
 Ahora él temblaba. Podía ser el frío, o el miedo. El miedo... ¿cuál miedo? No lo sabía, sólo comenzó a sentir miedo. 
 Un colectivo se acercaba. Frenó en la parada de la plaza, y ella salió corriendo. No sin antes darle un beso y decirle al oído gracias. 
 -¡No te vallas! Por favor... 
El colectivo partió y se llevó a la triste extraña. Él volvió a casa sin campera y con el miedo de no volver a verla; ni en la plaza, ni en aquella puerta. 
 Volvió con lágrimas prestadas, y una tristeza que no sabía si era suya o ajena.

domingo, 5 de agosto de 2012

DOS NOCTÁMBULOS



La noche era simplemente perfecta. Sucedía a un día caluroso con viento norte.
A medida que el sol se ocultaba, la temperatura se iba poniendo más agradable. Hasta que llegó a ese punto en que el viento se calmó para transformarse en una suave brisa. Y ya no hacía calor ni tampoco frío. Era un fresco de esos para andar con remera manga corta y abrazar a alguien en lugar de usar campera.
La luna creciente se destacaba en el cielo limpio. No estaba demasiado oscuro, y en el horizonte se dibujaba una línea azul, como si fuera de día.
Era una noche simplemente perfecta. El pueblo entero dormía. Y ellos, sólo ellos dos, se paseaban por las calles de tierra recién regada. Hablaban de la vida, de lo banal y lo profundo. Por minutos se miraban, por minutos miraban a su alrededor,  al cielo, al suelo. 
Cuando llegaron a cierto punto del paseo, se detuvieron. Estaban en el límite en el que el pueblo se acababa y comenzaba el campo. En un terreno baldío futuro a convertirse en plaza. Se sentaron sobre el pasto para admirar la inmensidad que los rodeaba.
-¡Que hermosa noche!- Dijo él. Y se acostó en el pasto. La mirada apuntando hacia las estrellas, sonriendo como si fuera la primera vez que veía semejante espectáculo.
-¡Sí. La noche es hermosa!- Dijo ella. Y se tendió junto a él, mirando también el cielo.
-En esta parte el cielo es más grande. No hay techos ni árboles altos. Ni tantas farolas…- mientras hablaba, ella trataba de encontrar la estrella más hermosa, y recordar dónde estaba, para poder buscarla cada vez que quisiera recordar esa sensación de bienestar que tenía en ese lugar y en ese momento.
-Sí – le contestó él. Y soltó un largo suspiro.  – En el patio de mi casa las noches no son tan lidas…
-En la mía tampoco – dijo ella.
Después hubo sólo silencio. Cada cual buscaba en el firmamento una respuesta.
-Dime luna ¿por qué siento que el corazón me estalla?
¿Será acaso esta sensación, producto de alguna energía cósmica de estas estrellas que brillan más de lo que jamás he visto?
-¿Es el frío que está haciendo, lo que me eriza la piel?
¿En qué estará pensando ella?
- ¿En qué estará pensando él?
Sin notarlo ninguno de los dos; se buscaron uno al otro y se encontraron tendidos en la hierba tomados de las manos, contemplando el infinito. El infinito firmamento y el infinito acertijo de sus corazones. ..
Ella miró hacia la derecha. Él miró hacia la izquierda. Ella vio en sus ojos una luz más brillante que el mismísimo lucero. El vio en sus ojos una galaxia de sueños.
Entre el aroma de gramínea y trébol, los grillos interpretaban un canon de verano en junio. La ultima farola, perdida en la calle oscura, se apagó. Sus manos se aferraron con más fuerza. Y el primer beso les inundó el pecho de pequeños entes revoloteando.
Ella se corrió unos centímetros más cerca. Y abrazados, para engañar al frío. Comenzaron a contar estrellas.

domingo, 29 de julio de 2012

Asi se olvidan amores del pasado


LETRAS PRIMERAS

Hubo entonces cándido temor, obnubilación reciente. Jíbaro enamoramiento, soñoliento universo silente. Mezcla anodina, romántica imagen alucinada. Anhelado guardián, unicornio imaginario…amor rudimentario.

miércoles, 21 de marzo de 2012

YO TE QUIERO IGUAL...


Mientras transito apaciblemente las calles de mi pueblo me pongo a pensar....Paraná y yo hemos tenido siempre una relación amor-odio. De esas en las que un día la quiero y otros días no tanto. Y siempre un amor por interés, por las actividades, por lugares, por personas, pero nunca por amor así porque sí.En cambio con mi Hasenkamp, es como con la familia: Uno simplemente los quiere. A veces uno no tiene ganas de quedarse en el pueblo, porque necesita otro aire (aunque esté más sucio), porque necesita ver otra gente (aunque no la conozca) porque necesita hacer otras cosas...Sin embargo, al final de cuentas, la raiz lo llama a uno... y se vuelve. Para caminar por el medio de la calle, para saltar charcos con agua y barro, para saludar a la gente en la vereda, para ir a la panadería o al super y pedir fiado! Uno vuelve para transitar las calles en bici con total lentitud y despreocupación. Uno vuelve para ver niños jugando en la calle, yendo y voliendo solos de la escuela (y caminando). Dicen que cuando el pueblo es chico, el infierno es grande. Pero, como no creo en el infierno, poco me importan esos refranes. Y así como por naturaleza uno esta programado para soportar hermanos berrinchudos, o padres cargosos, o amigos alocados (que uno mismo elige), porque se los QUIERE y MUCHO... Así tambien se quiere y añora a la tierra en donde se nace, donde uno creció y jugó en libertad; donde no importó la hora para andar afuera...Yo vuelvo al pago, porque es mío y lo quiero. Y aunque a veces le soy infiel y me voy a la ciudad; el pueblo siempre me espera... porque sabe que allá nunca tendré la misma PAZ.